Me desnudé, y ella pudo ver la fuerte erección que tenía.
Creo que por primera vez en su vida, Ana sintió algo de temor por
lo que una polla dura podía hacerle. - Ahora vas a darle la bienvenida
a la polla de tu amo, vas a comer polla hasta que me corra... verás
que rica está... venga, putita, abre esa boca y empieza a mamar
polla... - Ana abrió la boca para recibir su ración de polla,
pero la postura en la que la había atado no le dejaba alzar la
cabeza bien. Tenía que tenerla apoyada en el respaldo del sillón.
Esa postura era perfecta para follarla luego por detrás... pero
no para que mamáse pollas. Recogí su pelo, y le mantuve
la cabeza erguida tirando del mismo. "Ahhhh... me haces daño"
El tirón de pelo le estaba doliendo. Aproveché que abrió
la boca, y le metí la polla dentro. "Chupa, puta, chupa...
y no pares hasta que yo te diga". Ana comenzó a mamar. Lo
hacía muy lento. Empecé a follarla por la boca. Ana gemía,
intentaba coger aire, y hasta tenía arcadas, sobre todo cuando
le metía la polla como si quisiera atravesarle la cabeza. Ana estaba
totalmente sonrojada, y apretaba los ojos. El rimel se le había
corrido, y el carmín se había emborronado alrededor de sus
labios. Cada vez que mi polla salía de su boca, caían hilillos
de saliva viscosa. Yo estaba tan excitado que sabía que no iba
a tardar mucho en correrme. Entonces recordé una cosa de un relato
que había leído, y decidí aplicarlo. Tenia pánico,
no quería que me hicieran nada, pero a la vez esto me estaba excitando
como loca, saber que dos tipos me tenían dominada, era una sensación
nueva y totalmente electrizante. Bueno, ya sabes que puedo llegar a pegar
muy duro, así que pórtate bien, y gocemos un rato bien sabroso!,
el otro tipo me gritó desde el baño. El tipo que estaba
encima me quitó la pijama y quedé totalmente desnuda,¡¡
pero que tetas más ricas y paraditas tenemos aquí, nuestro
banquete va a ser único, y la conchita bien depilada, esta debe
ser una zorra para el sexo!!!, yo solo los miraba, sin demostrarles nada.
Me tumbaron en la cama y me ataron los brazos y pies a los de la cama,
me dejaron extendida, luego me advirtieron nuevamente que si volvía
a gritar la iba a pasar muy mal, a lo que asentí con la cabeza.
Se desvistieron los dos, y quedé sorprendida al ver los dos penes
tan grandes que tenia al frente, no estaban totalmente empalmados, y ya
tenían el tamaño del pene de mi novio, mi sorpresa fue obvia,
y ellos rieron y me dijeron, que, no habías tragado trancas tan
grandes?, pues ahora vas a probarlos completicos, porque te los vas a
comer. Uno de ellos se acercó a mi boca y me dijo que me lo tragara,
y así fue, empecé a darle una mamada, sin gusto, y entonces
él me agarró por el cabello y me dijo, quiero que disfrutes
y que me hagas disfrutar, porque sino, quedaras como un hígado.
El otro mirando y empezando a menearse el palo que tenia le dijo, tranquilo,
que esta zorra ya esta mojada de solo pensar que no la vamos a follar,
mírale su concha, brilla de lo guarra que esta. La penetré
de una sola embestida y entró con suavidad, aunque se quejó
con un ruidillo que salió de su boca cerrada; me recliné
sobre su espalda para acoplarnos perfectamente y me uní a ella,
agarrando sus tetas una con cada mano. Empecé a sacarle y meterle
la polla acompañado por sus quejidos, poco a poco al principio
y cada vez más deprisa mientras le magreaba las tetas. Después
de un rato noté que los quejidos iban desapareciendo poco a poco
y se iban transformando en alaridos de placer. Le cogí los pezones
y cuando calculé que iba a gemir de placer, se los estiré
bruscamente sin avisar, soltó un alarido sordo, sin abrir apenas
la boca. Volvía a sentir dolor y clavaba las uñas en la
cama; empezó a respirar rápidamente por la boca como si
se ahogara. Sin parar de follarla, le apreté las tetas clavándole
las pocas uñas que tenía. Follé como un animal mientras
aún corrían gotas de orina sobre su espalda y perlaban su
cuello, brazos y axilas y seguían corriendo por sus piernas. El
contacto de mi propia meada sobre aquel cuerpo mancillado resultó
demasiado y viendo que me iba a correr, comencé a apretarle las
tetas al mismo ritmo que me venía y cada alarido me ponía
más cachondo y la embestía con más brutalidad. El
alarido continuó aumentando señalando mi corrida dentro
de su culo. Seguí dándole un rato más después
de haberme corrido. Le había dado por el culo, la había
obligado a comerme y lamerme todo el cuerpo de la manera más perversa
posible y la había azotado hasta dejarle las nalgas tumefactas.
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