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Deslizo un dedo en su coño abierto. Juego un poco y cuando empieza a lubrificar quito la mano. La giro con dificultades sobre la mesa y le ato un palo de dos metros de largo a su espalda; a su cadera, entre sus manos atadas, por debajo de sus pechos y a la altura de su frente.no quiero que arquee su espalda durante su futura excitación. Ella no puede mover ninguna parte de su cuerpo. Caminó a través de la habitación y alcanzó una polea de dos metros y medio. La pongo al lado de la mesa y fijo la rueda al techo. La cadena de la polea termina con un gancho. Muevo la manivela y la cadena cae. Cuando llega a la altura de los grilletes introduzco el gancho dentro del eslabón. Aseguro fuertemente la unión. Una vez más accionó la manivela y la cadena empieza a tensarse y ascender, y con ella también asciende mi esclava. La subo tan rápidamente posible y bloqueo la rueda cuando sus pies tocan el techo. Parece un punching- ball y no puedo evitar empujarla. Se balancea ferozmente y el estruendo de la música inunda toda la habitación. Recojo un par de pinzas de una estantería y coloco uno en cada pezón. Añado una pesa, no tan pesada como habitualmente, a cada pinza. Y acepté con todas las consecuencias.
Poco a poco Rosa se fue apoderando de mí voluntad sin ni siquiera proponérselo, sin dar una insinuación o una orden, un grito, un gesto. Yo me anticipaba a todos sus deseos como si ya los conociera, como si supiera de antemano que deseaba. Ella por su parte se dejaba hacer complacida, se dejaba servir por mí satisfecha y yo alcance un grado sublime de felici­dad que no sabría explicar porque ella era muy buena y comprensiva e incluso un día que me vio arrodillado en su habitación mientras olía sus braguitas usadas, no se enfadó, no dijo nada, sonrío y se fue de la habitación complacida. Creo que lo que ella intuía lo había podido verificar al verme allí postrado lamiendo, besando y adorando sus braguitas. Así que no me extrañó que un día me comentara que no le gustaba como me vestía, que no me arreglaba lo suficiente y recogió todas mis ropas, las tiró a la basura y me compró otras a su gusto. Me dijo que le había gustado, que le atraía. Vaya, yo pensé que estaba de broma, sólo habíamos hablado un rato y tomado unas copas, y decía que yo le gustaba. Mi vergüenza aumentó aún más, pero ella, a pesar de ser tan directa, estaba muy nerviosa. Yo no dije nada, así que ella sin más, me empezó pasar la mano por mi cuerpo, el cual estaba cubierto por el saco, pero seguí igual, en silencio y quieto, aunque me sentía bastante bien, y no quería que parase. Empezó a abrir la cremallera de mi saco, y su mano tocó mi espalda desnuda, sólo llevaba unos calzoncillos de dibujitos y a ella pareció hacerle gracia. Comenzó a bajar la mano y me quitó lo que llevaba puesto, mi excitación fue enorme, me sentía raro, porque no solía hacer cosas así en una sola noche. Me dijo que si quería que parase, y que sino quería ella iba a jugar conmigo, me dijo que si yo accedía a ser suyo por esta noche, y dije que sí, aunque no sabía lo que realmente quería decir "suyo". No admitiría negaciones, y aún así, accedí por curiosidad, aunque más bien, era que estaba realmente excitado. Ella por fin soltó el arma, - quiero que te pongas de rodillas- me dijo mi vecina, - ¿por qué? - la contesté, ella me lo repitió levantando el tono de voz - de rodillas-, la obedecí y me puse de rodillas, ella cogió unas cuerdas que había en el sótano, se puso detrás de mi, se inclinó y me puso las manos a la espalda, y empezó a atarme las manos, dio muchas vueltas con las cuerdas sobre mis muñecas y tenso la cuerda con fuerza, me había atado con fuerza, la cuerda me hacía daño, después continuó con mis pies, con otra cuerda empezó a atarme los pies , al igual que la otra cuerda también la apretó con fuerza, intenté liberarme pero era imposible , - las cuerdas me hacen daño-. "No te preocupes mi amor, relájate y ya verás como no te pasará nada. Te prometo que si te duele lo dejamos." Comenzó a girar el aparato en la entrada trasera de mi cuerpo. Yo notaba como mi esfínter se iba dilatando y el gigantesco aparato iba entrando en mí. Al principio un dolor intenso me hizo gritar, pero en unos instantes el dolor se mezcló con el placer y al final el placer le ganó la batalla al dolor. Cuando mi agujerito había admitido todo el aparato y yo estaba a un paso del orgasmo, su verga inundó mi sexo y por primera vez en mi vida esta siendo empalada por todos los agujeros de mi cuerpo. Me puse a cuatro patas, de espaldas a él y esperé... Oía ruidos por detrás de mí y estaba inquieta porque no sabía qué estaba preparando... pero espera. Excitada como una perra, pero esperé... y esperé así, a cuatro patas, de espaldas a él esperando. Entonces sentí que me metía poco a poco algo por el culo. (tengo que decirte que tengo el culo bastante estrecho, y que me cuesta bastante que me la metan.. de hecho, lo intentó hace unos días y uno hubo modo.. me dolía que me moría).. algo que era fino primero pero iba agrandándose según entraba... hasta que me lo metió hasta el fondo.. Aguanté el tipo como pude porque estaba por correrme y él me había dicho que si me corría me molía a palos así que esperé quieta y entonces me metió algo también por el coño. Me ató una cuerda a la cintura y por entre las piernas para que nada se saliera y le dio al mando del vibrador.





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