| A Paula, al estar sentada, la falda apenas le tapaba su sexo y era consciente
de que si separaba un poco las piernas se podía llegar a ver. Le
daba un poco de vergüenza, pero a la vez se sentía tremendamente
excitada y notaba como su coñito se iba humedeciendo. Esta vez,
Alfredo fue un poco más lejos y metió su mano entre los
muslos de ella, movió la mano y rozó su sexo. Le dijo a
Paula que separara las piernas y que las mantuviera así. Cuando
llegaron al aparcamiento del bar y antes de salir del coche, Alfredo abrió
la guantera y sacó unas bolas chinas. Paula no podía dar
crédito a lo que veía y Alfredo sonriendo, le dijo que se
las colocara. Ésta, obedeció. Se sentó en el borde
del asiento del copiloto y comenzó a metérselas, Alfredo
no le quitaba ojo mientras pellizcaba uno de sus pezones por encima del
top. Cuando ya las tuvo colocadas salieron del coche. Paula, al caminar,
notaba el roce de las bolas en su vagina y eso hacía que se sintiera
todavía más excitada. Se preguntaba cómo podía
llegar a estar haciendo eso, pero la excitación podía con
ella. No sé cuantos otros orgasmos tuvo, parecía que eran
continuos. Entre jadeos y jadeos se dedicaba a insultarme "perro"
"babosa" "mariconazo" "cabrón" ...
Estaba a punto de morirme, mi excitación, follarla, los pellizcos
en los pezones, el pene en mi trasero (me había acostumbrado y
el dolor paso a ser una gran fuente de placer) hacía que me fuera
imposible retener más mi semen. Para mi sorpresa, de repente se
salió de mí, y soltándome los huevos se introdujo
mi pene en su boca, y casi de inmediato, la llene con todo mi semen. El
orgasmo fue total, mi ama me había permitido no sólo que
me corriera sino además hacerlo dentro de ella. Mientras me corría
imaginaba mi semen resbalando por su garganta, por la comisura de sus
labios, que placer tan grande. Tardé bastante tiempo en descargar
toda mi leche, y cuando lo hice, me lleve mi ultima sorpresa, mi ama me
abre la boca y sin tocar mis labios escupe mi propio semen dentro de mí
"trágatelo entero" me ordenó. El sabor era repelente,
nunca me había gustado mi propio sabor, y ahora sin la excitación
inicial, aún me parecía más desagradable, pero obedecí,
y no dejé rastro, aunque tampoco hubiera podido hacerlo ya que
me inspeccionó para ver si la había obedecido. Me tapó
la boca con una mano y con la otra me agarró el brazo. -No tan
rápido putita, tú y yo tenemos un tema pendiente. Algo metálico se cerró en mi muñeca por detrás, por un momento dejó de taparme la boca, agarro mi otro brazo y me los esposo a mi espalda. Yo grite socorro, pero con el ruido de la discoteca, y estando tan lejos de la misma no creo que nadie me escuchara. Me volvió a tapar la boca y me dijo: -Vaya, si que eres una putita mala y escandalosa. Me tiró al suelo de rodillas y sacó algo del bolsillo con lo que me amordazó. Yo luchaba por soltarme pero tenia todo su peso en mis piernas y no podía levantarme ni hacer fuerzas. Una vez hubo terminado de amordazarme me levantó y me sacudió un tortazo en la cara y me dijo: -Si no te portás bien tendré que seguir castigándote. No sabia que hacer, estaba atada por un hombre que no conocía y que me tenia a su merced, así que decidí colaborar y le dije que si con la cabeza. Esta situación en cualquier momento me habría horrorizado, pero notaba como se iba humedeciendo mi tanga con la misma. Estaba excitándome por momentos al sentirme presa de aquel hombre. |